El marido de una embarazada, después de contarle mi experiencia del parto, con bastantes pelos y señales, me dijo que no le contara nada a su mujer de mi experiencia del parto. Me dijo que lo hacía por su mujer, que era muy susceptible, aunque yo creo que él también lo era. “¿Qué le habrá contado esta mujer?” pensaréis... pues le conté mi parto, tal cual. De todos modos, le hice caso. Cuando la ví con su barrigón, me remití a hablar de como empezó, la hora que fuimos, algo de los dolores pero enseguida hablé de lo bonito que fue ver por primera vez al niño, de cómo lloramos de emoción los dos, bueno... los tres, de lo precioso que era el niño, dí alguna que otra queja del niño y del hospital, para que sea más creible, natural y todo lo demás lo dejé a un lado, tal y como había oído yo misma cientos de veces. Podría detenerme más tanto en todo lo maravilloso que fue como en lo no tan maravilloso, pero como, por ahora, no voy a hablar de lo uno, tampoco hablaré de lo otro. En realidad creo que van unidos, vamos que uno no puede ser sin lo otro.
Sigo. He estado pensando sobre por qué se omite y omití lo que no es tan maravilloso, no solo en los relatos de algunas mujeres que han sido madres, que han pasado por la experiencia, sino también en la supuesta educación, usease, las clases preparto. La conclusión a la que he llegado es que si se omite es porque ese “todo lo demás” del parto no es una situación fácil. Pues vaya, diréis, vaya conclusión. Pues parece tonta pero muchos tiemblan al mencionar esa dificultad. Sin querer entrar en un burdo psicoanálisis, también es algo como muy “genital”, como algo de lo que no se habla porque habla de los genitales, ¡vaya!... pero sobre todo porque mete miedo en el cuerpo de algunas mujeres (y hombres, por qué no). Hombre... también podría simplificarse en que no somos dados a contar nuestras cosas y menos lo malo, vamos, que nos gusta ser políticamente correctos. Además, parece que si cuentas lo negativo lo positivo palidece si no desaparece de la mente del receptor.
Personalmente, omití contarle nada a la mujer embarazada porque me parecía a mi también que la... que la acojonaría; no es que estuviera muy muy embarazada, pero lo suficiente para pensar que no le daría tiempo a informarse y que, ciertamente, pudiera ser que la afectara negativamente, como cuando vas al gine y te dice “relájate” y ¡leches! ¡entonces es cuando te pones más tensa!. Cuando lo he intentado hablar con las que aún no están embarazadas (ni embarazados), ya anteriormente muchas me han dicho, después de incluso preguntarme que que tal el parto, que no les contara más, o que ponían caras raras y empezaban a negar con la cabeza “¡puff! ¡Creo que no seré madre nunca!”. ¡Jesús, da miedo decir nada! Todos esos parecen motivos suficientes para sonreír y tener la típica charla casi de ascensor sobre el tema. Y ya está. ¡punto!
Pero la razón principal, me da la sensación, es que en esta sociedad se quiere desterrar el sufrimiento de su existencia. Algunos no se dan cuenta que es imposible e imprudente. Es como cuando dices que quieres correr la Behobia-San Sebastián “¿Pero tu estás loca? ¿correr por correr?¿sufrir por sufrir?. Pues el parto es algo parecido, el parto se supone que es en sí mismo sufrimiento, y así reza mi abuela de 86 años “¿Por qué se quiere tanto a los hijos? Porque duelen”, y la mujer se refería al parto, claro. Fuera dolor, fuera sufrimiento. Estoy de acuerdo, bien, pero con dos condiciones, que tengamos el conocimiento, es decir, saber qué factura nos puede pasar, porque no es gratuito manejar así a la naturaleza, y lo siento, así somos, unos pobres animalillos; y segundo que tengamos la libertad de escogerlo. Sin embargo, todo está montado para que nos dirijamos a un “parto sin dolor”, tanto profesionalmente como socialmente. Si no pides la epidural o si dices que no la quieres tanto madres como profesionales te miran con cara de “tu estás loca”. A la matrona que me atendió, le tuvimos que recordar 3 veces que no tenía la epidural puesta, y no os voy a contar por qué tuvimos que recordárselo. Que quede claro que queda aparte el sufrimiento que provoca una enfermedad. En cierto modo así se percibe el dolor del parto, y así se sienten muchas mujeres embarazadas o de parto en el hospital, como si el parto fuera algo negativo, enfermas, algo sobre lo que no tienen que opinar ni saber nada de nada, o lo justo. Pero no estamos enfermas. Y es que la enfermedad da miedo, y ese el medio por el que en un parto en un hospital, un centro de trabajo, es más facil trabajar, hacer y deshacer sin que te molesten, consultándote,claro, que si no se les puede caer el pelo, gracias a Dios, pero casi dientes y sin tener en cuenta la situación débil y susceptible que te encuentras. El miedo, sobre todo a que el niño sufra, o hagamos algo que haga daño al niño es lo más fuerte que puedes sentir, y sientes que tienes que delegar, y en ciertas circunstancias, es necesario, pero no en todas ni mucho menos. Lo cierto es que los niños pueden venir sanísimos o con problemas tanto con dolor y sin dolor y la falta de sufrimiento, no tener dolor no es la panacea, no es garantia de que todo vaya a ir bien, y a eso voy, que nos lo venden como la panacea y no lo es, puede pasar factura. El caso es que Yo quiero poder escoger parto con dolor y eso requiere cambios, bastantes que creo que yo no podré disfrutar si tengo más hijos.
fin primera parte. Hay más pero tengo que ordenarlo en mi cabeza!!
Besos a todos y a todas
jueves, 24 de enero de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario